martes, 7 de abril de 2009

Frankenstein en Blanco y Negro

Batas ensangrentadas, un ambiente gótico al que le faltaban velas y le sobraban focos, "cuadros" de las representaciones cinematográficas del monstruo, mexican darkies, punks, rockers, niños, niñas, emos (creo) y demás gente de la ciudad.


Así empezó Dr. Frankenstein, la ópera rock de José Fors, que con el apoyo de la UdG, llegó a la ciudad de México, saturando de críticas positivas medios tradicionales e incluso aquellos no tan "abiertos" a los espectáculos vanguardistas mexicanos.

Las voces prometidas en el cartel eran de antología, las presentadas en el Teatro Metropolitan también lo fueron. La música invadió todos los rincones del teatro e hizo vibrar, en más de una manera a los que ahí estábamos, rockeando, glammeando, recordando, siendo transportados...

He visto pocas "ópera rock" pero creo que es el pretexto, seguir haciendo rock y permitirle nuevamente transportarnos, movernos... ahora no brincamos o hicimos slam, ahora no nos desgarramos la garganta con gritos o catando las conocidas letras: es una cara ¡no! es una pizza ¡no! "soy el cenit pasionaaaaaal" "como una fiera furiosa en su cama" y todas las demás rolas que daban vueltas en mi cabeza y pensé desasociar a lo que normalmente he visto con estas.

De la historia no hay mucho más que decir, de la "teatralidad" de la obra es todo, ¡es el todo! es tomar algo y estrellarlo sonoramente contra una piedra, dejar que se esparza y cree algo nuevo.

Desde donde estábamos no podíamos ver detalles de maquillajes, actuaciones, vestuarios... Eran sólo las voces y su capacidad de transmitir desde desesperación, odio, amor, esperanza y desesperanza.

El genio creativo del Fors nos mandó un mundo B/W con dos excepciones: Elizabeth (en colores amarillos) y William (en un traje rojo), lo cual los ponía en un nivel visual de cómic al más puro estilo de Frank Miller.

Visualmente y auditivamente
Dr. Frankenstein La Ópera Rock, cumple y supera las expectativas. Es el rock en su más tradicional sentido... innovar, cambiar, reinterpretar y permitirte ser parte de él al ser simplemente el espectador.

Quedamos en espera de una temporada completa, de la corrección de detalles mínimos, de la exportación de calidad histriónica, interpretativa y artística...

Nos quedamos todos creando nuestro propio monstruo, enfrentándolo hasta sus últimas consecuencias, luchando contra él y por él... Nos quedamos todos un poco "Victor Von Frankenstein"

2 comentarios:

Elisa dijo...

Para los analfabetas musicales como yo, fue una gran experiencia. El arte es expresión del ser humano; cuando se abre la mente y la sensibilidad a la capacidad de asombro, no importa cuánto sepas, te guste o conozcas: lo disfrutas más porque todo lo que ves y escuchas es nuevo.

Anónimo dijo...

Con el último párrafo recordé esa gran película de "Remando al Viento"... y efectivamente, siempre estamos en esa batalla, algunas veces contra nuestros propios monstruos y a veces dándoles cabida en todos los poros de nuestra personalidad...
Sam

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