martes, 27 de septiembre de 2011

Así se vive una volcadura

Qqib

El lunes 26 de septimbre tuve un accidente automovilístico. Que hoy, martes 27 lo esté contando por este blog, no puedo más que llamarlo MILAGRO. ¿por qué? Pues porque volqué mi coche, digamos que quedó Bocabeza (Como diré la famosa Ciclón con Overol). La foto que ilustra este post fue tomada por algún twittero, así quedó mi coche.

Después del fin de cumpleaños de mi Viejo, el cuál además fue uno muy lindo, regresé el lunes a la rutina, con la diferenica de que no me desperté para ir a gym.

Pues bueno, iba camino a la oficina y el tráfico de periférico era un caos, opté por irme por Río San Joaquín. El tráfico... igual era un caos. Me sigo por esa vialidad, salgo a la lateral a la altura de Lago Zurich (donde están construyendo un chorro de edificios), la cual estaba detenida y decido seguir por la lateral y darme la vuelta un poco más adelante para luego tomar ruta hacia la oficina. Hasta aquí todo bien.

Eran como las 8:50 am. Hasta aquí todo bien, excepto, quizás que ya se me había hecho un pco tarde.
La velocidad no puede ser superior a los 40 kms/h. Hasta aquí todo bien.
Sigo por el carril de la izquierda, paso el entronque con Zurich. Hasta aquí todo bien.
Volteo a mi retrovisor para pasar al carril de la derecha. Hasta aquí todo bien.
El coche adelante del mío se para en seco. Hasta aquí todo bien.
Reacciono, le pego en la salpicadera derecha con la esquina izquierda de mi fascia y a partir de aquí, las cosas dejan de estar bien.

Volanteo hacia la derecha al tiempo que (creo, o más bien asumo, por lógica) piso el freno. Pienso: "carajo! ya choqué".

En ese preciso momento, mi auto se levanta de la esquina del piloto y todo se vuelve una confusión.

Volanteo para volver a tomar el control y entonces, todo da vuelta. Pienso: "en la madre, me estoy volteando" me detengo de el volante, trato de evitar golpes, pierdo la ubicación, me sarandeo par aun lado y para otro, sólo sé que en ese preciso momento, mi coche está dando una vuelta sobre su costado derecho.

Sigue el movimiento.

Ruidos extraños, golpes (en el coche) y yo trato de detenerme del toldo, del volante, de la puerta, de no se dónde. Todos los intentos eran inútiles.

Ruido de golpes, cristales que se rompen y metal raspando contra el pavimento. Polvo (no mucho, debo decirlo).

Silencio.

En ese momento me doy cuenta que estoy colgando, literal, detenido por el cinturón de seguridad, estoy de cabeza, empiezo a oir gritos desde afuera de lo que alguna vez fue mi coche. No me duele nada.

Volteo y encuentro mi celular a mi lado y junto a éste, las llaves de mi casa. Tomo todo. Recuerdo la escena del accidente en Crash (Estados Unidso, 2004, de Paul Haggis) y temo que el coche pueda estallar. Volteo hacia 'abajo' (a partir de este momento las indicaciones pierden sentido) y veo que los "testigos" de mi coche están prendidos. Me apresuro a apagarlo.

Me grita un policía que si estoy bien. Respondo sí y pregunta que si me puedo salir.

Creo que me puse de rodillas para levantarme un poco y soltar el cinturón de seguridad. Lo logro y empiezo a arrastrarme hacia afuera, según yo por el parabrisas. Me reciben unos paramédicos y policías e inmediatamente me agarran la cabeza y me acuestan sobre el piso. No me dejan moverme. Gritos de llamen a la ambulancia.

Llega un equipo de emergencia de la construcción en lago Zurich, me ponen un collarín y me acuestan en una camilla de inmovilización. Yo tengo las manos libres y respondo preguntas del que parecía el jefe del equipo de emergencias.

Llega un señor grande y me dice: carnal: aquí está tu identificación. Me la cuelgo del pantalón. El tipo que detenía mi cabeza me hace preguntas, yo asentía con la cabeza me dice: Contesta sólo con tu voz, siguen las respuestas sólo con mi voz.

Llega la ambulancia, yo ya había tenido la sangre fría y calma de avisar a mi Viejo, a mi oficina y a Lourdes que me había volteado y me iban a llevar al hospital Español. Pido mi laptop (la cual creí, honestamente ya había sido robada por alguien) y, milagrosamente, me la entrega, junto a la caja del iphone y otras cosas. ¡Grata sorpresa de la sociedad!

En el trayecto, un gran ser humano, Amilcar de León, se comunica conmigo y me da sugerencias; él es voluntario de la Cruz Roja, habla con los paramédicos que me atienden y me da tranquilidad. LLego al hospital. Me sacan de la ambulancia, pero habían olvidado quitarme el oxígeno que traía en esa especie de mangueritas de acuario. Gritos. Cruz Roja me debe una nariz (ok, no pasó nada más allá de la ligera respingada).

Ingreso a urgencias, yo con collarín, inmovilizado, amarrado a la camilla, doctorcitos corriendo a mi alrededor y tomando todos los síntomas. Preguntas, más preguntas, me quitan la ropa, RX, tomografías, electroencefalograma. Todos, todos los signos perfectos, sin daño aparente, aunque todos se encuentran preocupados por mi tratamiento de anticoagulantes.

24 horas en observación. Salí hoy, con collarín blando que, aparentemente deberé usar sólo una semana, fisura de esternón, una quemada muy manchada en el hombro izquierdo, moretones en el brazo, sin coche, sin cargos legales y con el ánimo de volver a empezar y a disfurtar todo, porque ayer, mágicamente volví a nacer.

Otra gran amiga, Adriana Rodarte, me preguntó hoy que si soy afortunado en el juego, porque ella cree que existen tres estrellas: 1. Afortunado en el juego 2. Afortunado en el amor  3. Angel de la guarda. No, no soy afortunado en el juego, pero ella misma dijo que dos de tres estrellas es mucha estrella y me compartió esta imagen que ella dibujó hace muchos años:


Mi ángel de la guarda.
Sí puedo decir que soy un tipo con mucha estrella.

Gracias a todos los que, de una manera u otra, estuvieron al pendiente, me pensaron, me apoyaron (a mi o a Lourdes o Samaria), me enviaron luz, buena vibra, amor, amistad. Gracias a todos ustedes por estar y hacer el rato más agradable. Por favor ¡Cuídense!

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martes, 13 de septiembre de 2011

No tengo nada que celebrar, ¿y tú?

Elinfiernoestrado

Un nuevo 15 de septiembre, aniversario, independencia, soberanía, gesta heróica... un aniversario más del conformismo, del "sólo por hoy" muy mal aplicado.

Ante la situación actual del país (crísis, inflación constante, devaluaciones, depresión, narcogobierno de facto, inseguridad y casi 50,000 asesinados en la guerra contra el 'crimen organizado') me sumo a la idea social de que este próximo 15 de septiembre no tenemos nada que celebrar. Después del doloroso atentado al casino Royale en Monterrey se habló de dejar a los entes esos que gobiernan (ojo, no NOS gobiernan) solos en sus plazas, sin gente que les coree, les aplauda, los justifique. Hoy, esa propuesta toma más sentido.

Puse en la mañana, en mi cuenta de Twitter: "No estoy a favor de abandonar las plazas, pero este 15 de septiembre sì considero importante dejarlas vacías". Un buen amigo me preguntó el por qué de mi idea, de ahí surge este post.

No estoy a favor de abandonar los espacios públicos, porque éstos son nuestros. No son de políticos, ni 'gobernantes', ni del crimen organizado. Son nuestros, de la población, de los que me leen, de los que platicarán contigo este post. Esos espacios son tuyos y míos y no debemos perderlos. Pero en esta chauvinista ocasión (todos somos muy mexicanos con bigotes falsos, pintura tricolor en las jetas, tomando tequila) me parece que definitivamente NO hay nada que celebrar.

Más allá del miedo, la desesperanza, el dolor, el encono, las descalificaciones, las acusaciones, el deslinde de responsabilidades, la incoherencia, la incongruencia, la tristeza, el dolor, la ira, el odio, las ladys de Polanco, el fua, el circo, los toros, el aumento a la gasolina, los asesinados sin nombre, los abusos de autoridad, los militares muertos, los policías corruptos, Cordero y sus pendejadas, los ediles, sus hermanos, las obras interminables, los intereses personales sobre los sociales, el narco, el secuestro, el asesinato, las narcomantas, los desabezados, la tristeza, la depresión, la evasión (emocional, por supuesto), 50 mil muertos, la impunidad, la necedad, el fuero, está la raiz de toda esa mexicanidad perdida. ¡No señores! No tengo nada que celebrar.

No me voy a poner a gritar "¡Viva México, cabrones!" junto al tipo que estacionó su coche en un lugar para personas con capacidades diferentes. No voy a gritar "¡Vivan los héroes que nos dieron patria!" junto a la señora que contrata "inditas (o marías, así las llaman)" y que las tratan como si no fueran nuestros iguales. No pienso gritar "¡Viva Hidalgo!" junto al hijo del burócrata, político, senador, o lo que sea que pinesa que el apellido de ese prócer SÍ es para aplicar el "¡Chingue a su madre el que deje algo!" No. Yo no tengo nada que celebrar.

Y a los que van con sus bigototes, sombrerotes, tricolor vestuario, rayas en las jetas, tequila, carrilleras (que está de más decir son un error histórico) y demás parafernalia chauvinista me gustaria convocarlos a que, al momento de que salgan sus gobernantes a los balcones, se tiren al suelo, y se queden tirados ahí, como muertos...

como tantos muertos.

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