domingo, 13 de julio de 2008

Tareas escolares

Sacando cosas de casa de mis viejos encontré algunos trabajos que hice en la Universidad, algunos de ellos me parecieron algo interesantes después de leerlos ya con algunos añitos de experiencia, lecturas y críticas.

Este fue realizado en el lejano 1995, para una clase de literatura, me imagino, y era sobre el nuevo periodismo, no puedo recordar de que se trataba, pero me imagino que era generar una crónica contada como un cuento.


Al final pongo el comentario del profe en esa ocasión, sin más ni más, I'll give you:


Amor efímero como la noche


Salir para recrearse, para soñar, para encontrarnos unos con otros en todos los lugares, en todos los rostros, en todas y cada una de las luces amarillas que iluminan de cualquier manera las calles que nos llaman, que nos asfixian y amenazan, llenándonos de miedo, de placer, de ganas de vivir y quizás de morir.

Avanzo entre miles de autos que me rodean, me detienen, me tapan el paso se mantienen anónimos ente ellos, protegiendo, escondiendo, asegurando, bloqueando al individuo que tristemente maneja esos aparatos que nos quitan el valor de humanos, que ya no son tan sólo medios de transporte y que se han convertido en lujos, en verdaderos espejos de nosotros mismos.

- Tenía que lavar el coche – pienso mientras me acerco a Plaza Satélite, que en esta época esta que revienta, - pero con la cruda que tengo, apenas pude “lavarme” a mi… ¡carajo!, no debo tomar tanto y tan corriente.

Los rumbos cambian, la iluminación ha cambiado también. Reforma se extiende ante nosotros sonriendo con esos dientes que encierran un misterio, algo desconocido que es al mismo tiempo, algo muy conocido. Libertad, mujeres, coches, mujeres, “tiras”, alcohol, mujeres, aventura, juventud, desmadre. El abanico que Reforma y zonas aledañas despliega ante nosotros es enorme.

- ¿qué hacemos? – pregunto por mera educación aunque ya conozco la respuesta.
- Vamos primero por unas chelas, después damos unas cuantas vueltas, les hablamos a los demás y nos metemos al antro – contesta un amigo, Luigi, mi copiloto, el hombre al que puedo confiarle mi vida, al que le pido que no tome porque yo pienso ponerme una gran borrachera y él, mentándome la madre, acepta la tortura, pero de todos modos se toma algunos tragos.

- ¿por qué no vamos por las chelas, les hablamos a los demás y pasamos por unas viejas para divertirnos mas… “sanamente”? – tercia mi otro “hermano”, Fer, que se cae de crudo y no deja de fumar. El sarcasmo utilizado para el calificativo es notorio. Todos reímos abiertamente al llegar a una tienda y comprar las tan esperadas cervezas.

- ¿Qué hora es? – pregunta Luigi.

- ¡Ni idea! Como las nueve, creo – contesto

- Nueve y media, tenemos tiempo suficiente – asegura Fer con una sonrisa producto del regreso de las energías para la noche interminable

- Luigi, tú y Fer van por las chelas en lo que le hablo a unas amigas y a todos los demás, ¿vale?

- ok.

Tras la gran respuesta camino al teléfono con una pregunta que no sabré responderme. El contacto de la nicotina con mis neuronas comienza a hacer efecto.

- ¿Y ahora? ¿a quiénes chingados les hablo, que salgan ahorita y no tengan problemas por lo hora de llegada? Me gustaría una mujer lunar, que sepa volar, que sea libre – los nombres y calificativos empiezan a revolotear en mi cabeza, busco en la agenda y marco algunos números.

Concerté la cita para las 10:15 enfrente del Ángel, seis mujeres y otros cuatro amigos.

El tiempo pasa con la lentitud característica del que espera ansiosamente a que suceda algo más.

- ¿dónde están, ¡carajo!?

-Tranquilo Fer, ya no tardan en llegar y creeme, vale la pena esperar – aseguro un poco nervioso.

Mientras tanto, con su tradicional previsión, Luigi y “El Gordo” discuten el lugar para pasar la noche, dejar nuestro dinero y energías. El lugar que nos atrapará con alcohol, música, baile, deseo… el juguetear al amor, sin dejarnos enredar.

- Medusas - asegura “Cachorro” medio recostado en el parabrisas

- Diabla… Rockstock – escucho al fondo de mi cerebro

La lista de lugares es enorme, casi todos se unen a la discusión mientras Fer y yo seguimos viendo la efigie del Ángel como hipnotizados por sus senos imaginados.

- En verdad no sé para que buscan el lugar, cuando ellas lleguen seguro ya traen bien armado su plan – comenta mi amigo en relación a la arrulladora enumeración de lugares.

- Ni madres güey, ¡nos vamos al Bull! aunque no les guste. Total, tenemos ya veinte minutos esperando a las “princesitas” aquí sentados - , sentencia Cachorro muy seguro de si mismo.

Tras ráfagas de aire helado, más nombres de antros, deseos que más bien parecen planes y 15 minutos más, el encuentro en la glorieta de El Ángel es apasionado para algunos mientras otros hacen caras, comentarios y algunas expresiones simples y básicas, tácticas diseñadas con el afán de llamar la atención.

El Bulldog es el lugar en el que terminamos, el rock, alcohol, baile, cigarro… Risas, sudor, perfumes, axilas, bocas, maquillaje, sexos, gel, spray, nos rodea etéreamente. Sabor de lenguas entregadas en largos y rápidos besos, tragos exóticos, cigarros de muy variadas marcas, otras sustancias, el lóbulo de una oreja, dedos de la mano, cuello, gotas de sudor involuntariamente en contacto con la lengua…

- Llévame hasta el cielo – me suplica la mujer lunar de esa noche con una voz que, aún ahora, no puedo diferenciar entre ebriedad y excitación. -¿recuerdas la otra semana?, lástima que hayan llegado mis papás en ese momento. ¡Desde entonces estoy que me muero por hacerlo!

- ¿te late algo menos tradicional y con el sabor de algo prohibido que nos puede llevar al bote? – pregunto aún sabiendo la respuesta. – Conozco al del Valet Parking, ese güey nos puede hacer un paro.

- Mejor pago el hotel y regresamos al rato – me dice la musa de la noche, la de piel blanca y pezones rosas, de labios carnosos...

La luna iluminaba nuestro camino, ella bajaba, yo manejaba y me iba elevando hasta casi no sentir el piso. El alcohol, la compañera y sus besos y caricias… la ciudad testigo mudo y al mismo tiempo inquisidora de nosotros.

Regresamos a casa cuando el sol comenzaba a desmoronar nuestras ficticias alas vampíricas, nocturnas; su último beso terminó por convertirme en sal…

- Luego nos vemos, cuídense – dijo a los que veníamos en el coche. La respuesta era el silencio de todos, menos los ruidos que Cachorro y su nueva pareja seguían haciendo al besarse. – Háblame, ¿si? eres un gran niño y aunque no debo, te quiero – me dijo con esos grandes ojos que volveré a ver en otra noche.

- Sin compromisos, ¿verdad? – pregunte, o mejor dicho, sentencié

- Sin compromisos – aseguró entre la risa y los gritos de su madre llamándola.

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En fin, saqué 9.

Jorge Olvera era el profe y comentó sobre mi trabajo "El tema de la vivencia nocturna es peligroso por haber caido en lo trillado y su tratamiento, por lo mismo, debe cuidarse más. No lo hiciste mal, la crónica se defiende, pero faltó más dinamismo y construir mas definitivamente las escenas y manejar los monólogos internos".

Me gustó, seguiré subiendo cosas que me encuentre.

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