miércoles, 4 de noviembre de 2009

¡Píntame un cordero!

Pide El Principito al presentarse.

En esas sencillas tres palabras empieza a cambiar mi vida y mi apreciación de la literatura, mi relación conmigo mismo y con la gente que está a mi alrededor.

Pero no voy a hablar de El Principito, sino de una de las lecciones que más me han impactado y la cual quiero tener como máxima completa toda mi vida:

Tener a flor de piel la capacidad de sorprenderme.

Es volver a ser niño, es mirar todo con ojos nuevos, con la sorpresa que significa empezar a llenarte la cabeza de experiencias, de sorpresas, de miedos generados por la vida en sí y no por las estupideces que los adultos podemos decir y hacer.

Tener las emociones a flor de piel es recordar como aprendí que la plancha quema, que los mejores "dragones" se hacían con los pasadores robados a mi madre, el sabor dulce de la miel que se podía chupar de las flores azules que abundan en León, que en los ranchos cuando llueve llueven sapos, que el olor de gasolina puede ser enigmático pero asqueroso.

Las emociones a flor de piel, hoy, están mediadas por un veneno que se llama "cordura", pero de repente es una gran idea dejarla de lado y regresar a sentir el sabor amargo de las primeras lágrimas que cayeron en tu boca al perder a tu mascota, o al saber que se acababan las vacaciones y que la distancia no sería salvada por ninguno de los dos.

Tampoco se debe uno aventar "como el borras", al final de cuenta ya no somos tan flexibles, nos recuperamos tan rápido o nos movemos tan rápido; ¡pero eso es físico! y ¿a poco no quieres volver a sentir el vértigo de asomarte a una plataforma de 5 ó 10 metros y tirarte a la alberca?

Si mantienes junto a ti al niño que se sorprende por todo, seguramente vivirás mucho mejor, tendrás más diversión y te reirás mucho más. Es bien difícil, lo sé, pero al final ¿a poco no la infancia ha sido la mejor época que hemos tenido? ¿por qué no recuperar un poco de eso?

A lo mejor en este blog les he pintado un cordero, o a lo mejor lo han pintado para mi. Por eso, los Honro a todos y cada uno de ustedes. ¿Listos para seguirse sorprendiendo?


Una nota tardía o "alternate ending" o "directors cut":

El mundo se debería dividir en tres grandes sub-mundos:

1. La gente que tenemos El Principito de Antoine de Saint-Exupéry como libro de cabecera,
2. Los que lo leyeron en la primaria, lo hicieron a huevo y no les dejó nada (es decir, no lo recuerdan o valoran) y
3. Los que no lo han leído.

Espero que mis 11 sacrificados lectores entren en el submundo 1, pero si alguno de ustedes está en el 2 les puedo aconsejar que le den una nueva oportunidad; ya no por tarea que la maestra dejó en la primaria, sino porque ahora son otras personas y chance esa infancia está ahí, un milímetro dentro de su piel.

Si hay alguien aún que está en el (por coincidencia) en el tercer mundo: ¡Apaguen esta computadora y láncense a comprarlo! después de leerlo... agradeceré sus comentarios.

7 comentarios:

Antonio Trejo dijo...

Dejar la cordura y sobrevivir a lo que florece con cada acción es parte de la vida que se vive y que se aprende. No saber, conocer y desgustar es parte de quienes tienen el miedo a no vivir, como es, plenamente.

Tus acciones son vivas y de querer sacar eso que siempre llevas dentro. Cosas que poca gente podrá apreciar, pero hay quienes se deleitarán de ti, de tus actos y tus palabras.

Más allá de ser cordero, podrás ser pastor. Vas por buen camino y legarás cosas extraordinarias a quienes te seguimos.

www.antoniotrejo.com

Marcela dijo...

Me parece que sabes en qué categoría estoy y lo que opino...pero aún así gracias por recordarnos a todos lo que debe ser nuestro día a día ;)

Miss Congeniality dijo...

A veces las sorpresas no resultan tan gratas, a veces nos dejan un cierto miedo a volverlas a descubrir, a veces nos hacen cuerdos.

Pero como bien dices, de pronto vale la pena perder la cordura y volverse a arriesgar con una sorpresa que tal vez te haga volver a confiar, asomarse a ver qué hay dentro de un sombrero…

Al final, sorprenderse es parte de estar vivo, sorprenderse por los pequeños grandes momentos es lo que hace que estar vivo valga la pena.

Elisa dijo...

Capacidad de asombro: para mí la más importante y a la que menos importancia le damos muchas veces. Estamos muertos si no nos sorprendemos, pero en este mundo de prisas, de tráfico, de estrés, corremos el peligro de perdernos en lo inmediato y de no sorprendernos. Por favor no dejes de escribir estas cosas para que hagamos un alto de vez en cuando y recordemos estos pequeños detalles, que al final son las grandes cosas que hacen la vida.

Mario Osorio dijo...

...y recuerda... ¡tú eres responsable de tu rosa!

Cin dijo...

Lo más lindo de El Principito, para mí, es que también es una especie de oráculo: basta que tengas alguna duda, algún desmadre y abras una página cualquiera para que obtengas la respuesta. La magia involuntaria, eso.

Anariki09 dijo...

Hoy leí tu entrada ¡P+intame un cordero!
Me gustó muchisimo, yo también adoro ese libro que nos despierta al Principito que todos llevamos dentro.
Ahora me gustaría saber si has leído "Alicia en el país de las maravillas" de Lewis Carrol.
Olvidate de la Alicia de Disney o la de la nueva peli que está en cartelera y que me niego a ver. El libro es una maravilla de sorpresas y de mágia. Identificarás a todos sus personajes como la gente que nos rodea. Si ya lo has leído, leelo otra vez. Esa es mi recomendación.
Saludos

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